CREO EN MI

Hace unos días, me llegaron unas palabras muy sabias, que tocaron mi atención especialmente, cuando compraba carne en la carnicería del barrio donde ahora vivo. Yo le pedí al señor que me estaba vendiendo la carne, que me cortara un buen trozo de carne para hacer un puchero, que no tuviera nada «feo» ni «oscuro» y con textura regular e uniforme, a lo cual él mi sabiamente me respondió: » señora, la carne para que tenga sabor necesita de esas partes más feas y de diferente color, y de alguna «piltrafilla», si no es así, no sabe a nada»

Y éso me hizo en pensar en, cómo en algunas ocasiones, deseamos que nuestra vida no tenga nada feo, ni oscuro, ni difícil de masticar y que siempre haya luz, que no demos trompicones, ni caídas y que nuestro camino sea llano y liso, para no tropezarnos. Cuando aparecen ésos montículos que hay que saltar o atravesar, cuando hay una cuesta abajo o arriba, cuando el sendero se hace polvoriento y no podemos ver con claridad, a veces, tendemos a pensar que nuestra vida no es buena, que nos ha tocado ser infelices, que no podemos con tanto…y con frecuencia nos venimos abajo y nos sentimos de alguna forma desdichados.

Hay algo muy importante, que ocurre en éstos momentos, y es que no hay lugar donde resguardarse ni al que huir, la vida nos pone de frente con nosotros mismos, al desnudo, pidiéndonos que estemos ahí para nosotros. Podemos lanzar mil botellas al mar pidiendo auxilio, pero al final, lo que nos queda somos nosotros, rebajados de ideas, de etiquetas, de personajes, de imágenes y de deseos. Es momento de mirar un poco dentro, de agudizar oídos y de hacer un viaje hacia dentro, hacia nuestro ser más esencial, que nos sostiene y nos guía. Ese que sabe de verdad, hacia donde tirar cuando el camino se tuerce. Es el momento de creer en UNO MISMO/A.

En mi experiencia, una de las formas para poder limpiar, filtrar e ir poniéndonos en contacto con esa parte de nosotros más de esencia, podría ser cuando nos abrimos a confiar nuestro corazón y a compartir nuestras vivencias y lo que nos preocupa en una sesión de PSICOTERAPIA. De alguna forma, nos puede ayudar a ver las cosas desde otra perspectiva, donde podamos tener amplitud de mirada, confianza y serenidad, y a encontrar un lugar de apoyo para poder afrontar la vida, con más luz y más templanza. Nos ayuda también a despertar los recursos, dones y potencialidades que quizás estaban más escondidos, y tocaba sacarles brillo y ponerlos al servicio de nuestros deseos y nuestros planes.

CONFIANZA, ESCUCHA Y PACIENCIA….adentrarnos en la cueva de nuestro interior y alumbrar nuestros DONES, nuestra FUERZA INTERIOR y confiar en que la vida nos llevará por el camino que tenga que ser…SOSTENER EL TIMON y abrirnos al futuro con una sonrisa y con aliento.

Entonces, cómo ese puchero, con sus partes blancas y tiernas, y también con el hueso duro y las ternillas, con las partes menos blandas, también podemos hacer de nuestra vida, un plato que merezca la pena saborear. Esto es, que tenga sustancia, que nos aporte calor y nos nutra, quizás también cuando los ingredientes sean a veces no tan tiernos, sino aquellos también a los que cuesta meterle el diente. Con todo éso que la vida nos trae, cocinar nuestro propio caldo, nuestra propia olla, que nos alimente y nos llene por dentro, tal como en éstos días de frío nos llena un buen puchero, que nos reconforta en nuestro interior…

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