La Danza y el Movimiento en la Psicoterapia Humanista Gestáltica.

uniendo tierra y cielo

Es sabido , desde tiempos muy tempranos, el poder curativo de la Danza, en sus aspectos tanto físicos, como sociales y también de conexión con lo divino o espiritual.

Cuando damos movimiento a nuestro cuerpo, ya sea con música o en silencio, estamos también poniendo en movimiento emociones, ideas, pensamientos y sentimientos, que de alguna forma están en ese momento presentes. La Danza, tiene el poder de establecer un puente entre nuestra mente y nuestro cuerpo.

Hay momentos en los que podríamos tener la sensación de sentirnos divididos, entre lo que pensamos y lo que está pasando en nuestro cuerpo- como podría ser el caso de determinados estados de ansiedad -. En éstos estados, suele haber sensación de que la mente va muy deprisa, que nuestras ideas tienen un matiz negativo y una tendencia a centrarse en el futuro, más que un estar en el presente, por nombrar algunos de las vivencias más comunes . Además, casi de forma generalizada, hay una sensación de falta de control y de que nos sentimos arrastrados por esos pensamientos. A nivel corporal el corazón late más deprisa, la respiración es superficial , y en el cuerpo suele haber sensación de ahogo y de estar aprisionado/a.

Desde mi experiencia y mi sentir, cuando ponemos un foco de luz en lo corporal , abriendo una ventana al movimiento y a la danza,en un contexto de Psicoterapia y/o desarrollo personal, podrían ocurrir algunas cosas tales como que empezamos a soltar tensiones y rigidez, el cuerpo comienza a sentirse más blando y expandido, el respirar se lleva a cabo con más profundidad, y podemos quizás retomar el contacto de la tierra bajo los pies y percibir más claramente ritmos corporales ( tales como el latido del propio corazón acompasado con el baile) y algunas otras que tienen también que ver con la propia vivencia personal.

Además de todo ésto y muy importante, a mi entender, es que podemos recobrar el sentido de manejo y control sobre lo que nos está pasando- la danza da forma a nuestra vivencia, los pies y el resto del cuerpo ocupan el espacio y se mueven en cierta dirección, ésto es, de alguna forma cogemos el timón de éso que a nivel mental parecía, inmanejable, caótico y descontrolado, organizando nuestro movimiento en el espacio, a un ritmo determinado, en relación también con otros cuerpos y con una emoción que subyace en la danza.

Bailar, desde ésta perspectiva, podríamos decir, nos hace más autónomos, nos pone en contacto con nuestra fuerza interior y abre puertas de conciencia global: cuerpo-mente-corazón, de presencia.

En cualquier proceso de Psicoterapia con enfoque humanista, como es la Gestalt por ejemplo, se hace énfasis en que la persona a lo largo del proceso terapéutico vaya recobrando la confianza en su propia capacidad de gestionar sus emociones, y su forma de pensar, en definitiva de cómo vivenciar los episodios de su vida, desde el autoapoyo y el contacto con su conciencia y su brújula interior.

Es por ésta razón, principalmente, que tanto en mi experiencia personal como en el trabajo con clientes en consulta, creo en la capacidad de la Danza como recurso, para devolvernos éste sentido de agencia y poder personal, de ofrecernos la posibilidad preciada de ponernos en contacto con ésa conciencia única y personal, que unifica y que es testigo, observa, y dirige nuestro ser. Un sentido de agencia y poder personal, en contraposición a la sensación de pérdida de control y desasosiego que a veces ocurre cuando hay división entre mente y cuerpo y nos quedamos atrapados en nuestro pensamiento quedándose el cuerpo bloqueado y con una sensación de estancamiento de energía, bastante amplio y profundo.

Cuando nos entregamos a bailar, a acercarnos a nuestro cuerpo, recuperamos ese sostén interior, que tiene más que ver con lo instintivo, puro y esencial de nosotros mismos. Cuando esa energía mental, que aprisiona y nos produce ansiedad, se pone en movimiento, la mente empieza a calmarse y podemos hacernos dueños de ése estado, le damos un propósito, claridad y forma a nuestra mente.

El corazón, centro del movimiento, se deja llevar por lo instintivo, la mente se hace presente y se pone también al servicio. Cuerpo, mente , emoción y espíritu al unísono, bailan entre ellos, del caos al orden, en una danza sanadora y restauradora.

Así, absortos en acordes y ritmos que nos sostienen, podemos tal vez, recuperar nuestro centro, y volvernos a sentir conectados, entre nuestras partes y con los demás, con lo de fuera. De ésta forma también, estamos haciendo contacto con lo transpersonal, con lo que está fuera de nosotros y a lo que al recuperar la conexión, nos devuelve paz y un auténtico sentido del ser, de pertenencia, a uno mismo/a y al resto. Tendría más que ver con ése sentido de conexión que suele perderse cuando estamos ansiosos y fijados en una idea mental, futura, cuando nos separamos del presente, y sentimos más la anticipación que la propia experiencia del aquí y ahora, de lo presente.

Entonces la Danza y el Movimiento se convierten así en un puente sanador entre la mente y el cuerpo, una llave a la puerta de lo transpersonal, una apertura al corazón, en un contexto de Psicoterapia, holístico, creativo y de auto-realización.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *